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Reforma económica-monetaria en Venezuela: ¿más vale tarde que nunca?

August 29, 2018

 

 

 

 

 

Reforma económica-monetaria en Venezuela: ¿más vale tarde que nunca?

 

Después de una larga espera de años, en particular, por parte de extensos sectores de trabajadores remunerados y, de personas de edad avanzada dependientes de ingresos estatales fijos (pensionados), el gobierno bolivariano encabezado por Maduro ha emprendido un paquete de reformas económicas y monetarias, el cual tiene como principal objetivo, según fuentes oficiales, recomponer el poder adquisitivo del salario y de las pensiones.

En tal sentido, las autoridades de gobierno han anunciado la implementación de un conjunto de instrumentos y medidas económicas, tales como la reconversión monetaria (que elimina cinco ceros a los billetes de diversas denominaciones); el otorgamiento de un bono especial de reconversión monetaria (que pretende subsanar, al menos parcialmente, los daños de la implementación de la reconversión monetaria); el aumento de las pensiones a partir de septiembre del presente año; y la aprobación de una “ley de precios justos”, entre otras medidas.

A pesar de que algunas de estas medidas han sido un reclamo constante por parte de los trabajadores en condiciones salariales más vulnerables, persisten dudas sobre los alcances reales y la efectividad en su implementación.

En primer lugar, porque hay una realidad macroeconómica muy desfavorable que todos conocen y que no se puede obviar. Uno de sus aspectos más funestos es la persistencia de una hiperinflación arriba del 2,000 % desde hace mucho tiempo; una deuda externa que ya asciende a más de US $ 150,000 millones (Venezuela debe amortizar antes de que finalice el 2018 una suma muy cercana a esa cantidad); el déficit fiscal asciende a un 19.6 % del PIB; el índice de escasez según algunas fuentes no oficiales alcanza un 68 %; lejos de aumentar las reservas internacionales del país decrecen (en la actualidad ascienden a US $ 8,870 millones, mientras en abril del 2017 alcanzaban los US $ 9,921 millones); mientras la cesta petrolera apenas llega a US $ 65.18 por barril de crudo, muy lejos de los US $100 de sus mejores tiempos (1).

En un ambiente teñido de escepticismo, algunos analistas consideran que aunque el día de hoy las reformas conlleven mejoras, le tomará al país al menos unos diez años para una recuperación completa.

A lo inmediato el “monstruo” que parece imbatible en Venezuela es la hiperinflación. El FMI estimaba poco antes de la implementación de las reformas económicas, que la inflación alcanzaría un nivel próximo a 5,324 % a fines del 2018 (2).

Según una nota publicada por el Centro de Estudios Latinoamericanos (CESLA), el salario mínimo en Venezuela es (o era hasta ayer), equivalente al valor de una lata de atún, y paradójicamente, mientras con un billete de 100 mil bolívares (el de mayor denominación hasta el inicio de las reformas), solo alcanzaba para pagar una fotocopia o comprar un caramelo o un huevo, con ese mismo billete también podían adquirirse 17,000 litros de gasolina de 95 octanos, suficiente para llenar al menos unas 450 veces el tanque de un carro pequeño (3).

Otro importante factor macroeconómico es la caída abrupta de las importaciones (el año 2017 alcanzó el 20 % y en el 2018 se prevé que alcance el 35 %, mientras los ingresos por la factura petrolera (exportaciones del crudo), se proyecta a la baja este año (unos US $ 30,000 millones), apenas un tercio de los US $ 90,000 millones obtenidos por ese mismo rubro en el 2012 (4).

Según analistas de la CEPAL y el FMI, señalan como algunas de las principales causas de la caída de las exportaciones de petróleo, las sanciones económicas y financieras de EEUU y otros países, y el control estatal sobre las finanzas (5).

A nivel microeconómico el panorama también luce poco alentador. En marzo del 2018 el valor de la canasta básica familiar era de 75,446,014.83 bolívares, equivalente a 192 salarios mínimos.  Un mes después (abril 2018) el valor de la CBF era de 138,885,712.85 bolívares, un aumento de 63,409,698.02 bolívares (6).

Todas estas cifras “duras” sirven para enfatizar el planteamiento de que si bien es cierto, aún en condiciones relativamente “normales”, es harto difícil para cualquier país el emprender un cambio drástico en al menos una parte de su modelo económico, lo es todavía más complicado hacerlo en condiciones de bloqueo y asfixia económica y financiera internacional, tal el caso de Venezuela ahora (Cuba y Nicaragua lo vivieron de similar manera en su momento).

En términos prácticos y cotidianos, la realidad que más lacera económicamente a los ciudadanos de a pie es la hiperinflación. Al respecto, la economía política marxista (e incluso la economía clásica), le confiere una relativa importancia al combate de la inflación a través de medidas estrictamente monetarias.

La revolución en Nicaragua durante los años ochentas lo intentó con una reforma similar que reducía en tres ceros la denominación de los billetes (una implementación que por razones de la guerra incluyó  una compleja  y secreta operación que se denominó “Bertha”), que sacó miles de millones de billetes con elevadas denominaciones pero con escaso valor adquisitivo, y puso en circulación el denominado “córdoba oro”, el cual fue rápidamente “devorado” por el fuego inflacionario.

Lenin decía con respecto a la inflación que esta no podía combatirse tan solo imprimiendo “papelitos de colores”.  Al parecer, la única medida ideal y real para combatirla es corrigiendo los graves desajustes estructurales de la economía dañada, entre ellos, desajustes en la esfera de la producción, la productividad, la eficiencia y en la racionalidad económica en los niveles macro y micro.

En el caso particular de Venezuela, el Dr. Guerra, ex –director del Banco Central de Venezuela, indica que las actuales reformas económicas y monetarias implementadas por Maduro, tendrán un efecto muy limitado si no se toman acciones estratégicas importantes, tales como cambios profundos en las políticas fiscales y monetarias, cambios institucionales y en lo que respecta a la industria petrolera, entre otros (7).

 La pregunta del millón sigue siendo la misma: ¿Cuánto tiempo más durará la época venezolana del modelo mono-productor y mono-exportador centrado en el petróleo? Al parecer, la diversificación productiva tendrá que seguir esperando algunas décadas más.

Notas:

  1. Fuente: Bancaynegocios.com

  2. Ibíd.

  3. ¿Qué se puede pagar con un billete de 100 mil bolívares?”: (cesla.com).

  4. com

  5. Ibíd.

  6. “Indicadores económicos de Venezuela”: (economia-de-venezuela).

  7. “Afirman que la reconversión costará al país 300 millones de dólares (www.cesla.com).

Sergio Barrios Escalante

Científico social e investigador. Editor de la revista virtual RafTulum.  

https://revistatulum.wordpress.com/

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